El impacto de los JJOO de Río

Cuando se asignó la sede para los juegos olímpicos de 2016, Brasil era la sexta economía del mundo y se pensaba que así seguiría pero cuando estos se llevaron a cabo, el país estaba sumido en una gran recesión económica la cual los juegos no fueron suficientes para cambiarla.

El pasado agosto fueron los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro y para acoger unos juegos de tal magnitud (además del mundial de fútbol de 2014 y los juegos Panamericanos de 2015) se tuvieron que construir infraestructuras a medida a lo largo de toda la ciudad, lo que supuso una inversión considerable tanto para el sector público como para el sector privado. Junto con esto llegó la especulación y por tanto una subida importante de la inflación que culminó con una bajada considerable de los precios de materias primas sumiendo al país en una recesión. Se esperaban crear empleos, recaudar más impuestos debido a los turistas, recuperar la inversión mediante patrocinios y retransmisiones y mejorar las comunicaciones de transporte urbano.

Al acabar los juegos y con vista  a largo plazo, la ciudad ganó en infraestructuras, transporte público, hoteles, carreteras, aeropuertos, estadios,… pero la mayoría de ellas con un sobrecoste al presupuesto inicial además de que muchos de los estadios seguramente pasarán a manos privadas ya que el sector público no se puede hacer cargo de ellas por falta de fondos. La cantidad de turistas que recibió Río fue un 40% mayor que las del año anterior lo cual incrementó la cantidad esperada que los turistas dejaron en la ciudad durante los juegos. Con todo lo recaudado a lo largo de los juegos, no ha llegado para devolver la deuda que tenía la ciudad por lo que, aunque durante los juegos la economía no empeoró, al acabar, estaba en el mismo sitio que al comienzo de ellos.

La inversión que realizo Río de Janeiro no fue suficiente para sacar de la recesión a un país tan grande como Brasil, que era lo que se esperaba en un principio, ya que lo recaudado en los Juegos Olímpicos fue apenas medio punto porcentual del PIB del país.