COCHES AUTÓNOMOS, ¿DECISIONES CORRECTAS?

Si algo queda patente en vista de la sociedad en la que vivimos es que la tecnología
avanza a pasos agigantados y tanto es así que surgen cuestiones como la que procedo a
explicar.


Hace unos años era impensable que la presencia de una persona al volante fuese
completamente dispensable a la hora de conducir un vehículo, pero debido a los
cambios que recientemente está experimentando la industria automovilística, no resulta
una idea tan descabellada.


Son muchas las empresas de este sector que se han puesto manos a la obra y que ya
saben cómo fabricar vehículos autónomos, pero ahora se enfrentan a un gran problema:
decidir si estos coches deberían poder tomar una decisión tan compleja como primar
una vida sobre otra en un posible accidente.


Como consecuencia, este proyecto no será viable hasta que los fabricantes no respondan
a cuestiones tan peliagudas como aquellas a las que los relatos de un autor de la talla de
Isaac Asimov han dado lugar. La lógica nos dice que la función principal de uno de
estos coches debería ser la protección de su ocupante, pero si nos planteamos la
posibilidad de que sacrificar la vida de este pueda suponer la salvación de los pasajeros
de un autobús escolar la cosa cambia, ¿verdad?


Hoy por hoy son muchas las preguntas y muy pocas las respuestas. Es muy complejo
decidir si las normas que regulen estos vehículos deben dar prioridad al bien mayor, al
número de vidas salvadas y no a los individuos involucrados. Son situaciones que
además caben ser evaluadas desde muchos puntos de vista. Cuando la persona cuya vida
va a ser sacrificada para salvar a un grupo de niños es ajena a nosotros nos resulta un
acto necesario, casi una obligación, pero si esa persona es, por ejemplo, un familiar o
incluso nosotros mismos, la situación parece completamente distinta.
Se crea así un conflicto de intereses cuya resolución puede resultar muy engorrosa, por
no decir imposible.


De hecho, al tratarse de un terreno desconocido para los ejecutivos de la industria, estos
se han decantado por recurrir a expertos en ética y a filósofos para que les ayuden en
esta ardua toma de decisiones. Si bien es cierto que son muchos los que están en contra
de que sean estas máquinas las que hagan este tipo de deliberaciones, no consideran
correcto que decidan respecto a la vida o muerte de un ser humano.


Está claro que la innovación y los avances tecnológicos son, en la gran mayoría de los
casos, francamente positivos y mejoran la vida de las personas, pero por suerte hay
ámbitos para los que la intervención de estas sigue siendo absolutamente necesaria.