¿JUEGOS OLÍMPICOS, BENDICIÓN O MALDICIÓN?

Acabamos de cerrar este domingo, 25 de febrero, los juegos olímpicos de invierno 2018,
celebrados en la ciudad de Pyeongchang, Corea del Sur. Si pensamos en el aspecto financiero
de los juegos podría parecer que tener la oportunidad de celebrarlos es una bendición para el
país organizador: el evento atrae a masas de fans al país, especialmente los de verano, y ayuda
a la economía local durante su preparación ofreciendo trabajo a la gente de la zona. Pero la
organización también tiene un lado oscuro, el altísimo coste que supone construir las
instalaciones deportivas que se necesitan para celebrar los eventos, que la mayoría de veces
acaban abandonadas después de que acaben.


Actualmente, la lista de juegos modernos más caros la encabeza Sochi 2014, con un coste de
alrededor de 51.000 millones de dólares; los culpables principales de este alto coste fueron la
mala planificación y la lejanía geográfica del lugar. En esta lista le siguen Pekín 2008, con un
coste de 40.000 millones de dólares, y Londres 2012, donde se invirtieron 19.000 millones de
dólares; Rio 2016 queda en el séptimo puesto con una inversión de 15.000 millones de dólares,
donde ya ha quedado claro que muchas de las instalaciones que se construyeron para el
evento no se volverán a usar.


Teniendo en cuenta que su predecesor encabeza la lista de juegos más caros, Corea del Sur
ideó una estrategia para que sus juegos no entraran en el mismo ranking: construir varias de
las instalaciones para que solo se utilicen en los juegos, tras los cuales serán derribados. Este
dato se tuvo en cuenta a la hora de diseñar y construir el Estadio Olímpico (de 60 millones de
dólares); esto ayudará a que no siga creando más costes por tener que mantenerlo como
atracción turística. Además han ideado otras estrategias para que la infraestructura construida
no quede en desuso como en años anteriores, por ejemplo convertirán la Villa Olímpica en
apartamentos. De todas formas, los expertos calculan que el coste total de 12.400 millones
dejará perdidas en estos juegos.


¿Pero, es esa la mejor solución para que los Juegos Olímpicos no sean astronómicamente
caros? Quizás merece la pena preguntarse si cualquier país debería acceder a la candidatura si
no tiene ya construidas las necesarias instalaciones o si no tendría más sentido que se
celebraran en el mismo lugar repetidas veces para sacar más partido a la inversión que se
realiza.

En estos momentos, lo único que está claro es que con el historial de Juego Olímpicos cada vez más caros que estamos reuniendo y que la gente cada vez espera presentaciones más
espectaculares deberíamos replantearnos como enfocamos las candidaturas y la posterior
construcción de infraestructuras que necesitan los juegos.

Por ahora, intentaremos que la llama olímpica no se apague, y disfrutaremos de ellos el tiempo que nos duren.