FUGA DE EMPRESAS EN CATALUÑA

En el año 2012, comenzó el Proceso soberanista de Cataluña, más conocido como el “procés”, un conjunto de hechos con el objetivo de lograr la autodeterminación y la independencia que se han ido desarrollando hasta día de hoy. La cumbre de este “procés” fue sin lugar a duda el 1 de octubre de 2017, el día en el que tras continuas diferencias políticas, se realizó un referéndum. Este referéndum era completamente ilegal y no era vinculante pero pese a ello, hubo consecuencias sociales, políticas y económicas muy duras.

Desde la consulta convocada el 1 de octubre, los titulares con el nombre de empresas que abandonaban Cataluña han sido una constante y que claramente ha dejado a Cataluña en un saldo negativo entre salidas y llegadas de empresas a la comunidad. A día de hoy, un total de 5.350 de empresas se han ido de Cataluña a otras comunidades autónomas según datos del Colegio de Registradores Mercantiles. Que las empresas se vayan de Cataluña no quiere decir que vayan a retirar sus infraestructuras o que no vayan a actuar en el comercio catalán, quiere decir que trasladan su sede fiscal y a partir de este movimiento empezaran a tributar en la comunidad autónoma que se hayan instalado.

En España todas las comunidades tienen el mismo régimen económico (menos País Vasco y Navarra) y con esto me refiero a que a niveles generales, una empresa va a tener que pagar lo mismo en Barcelona que en Madrid pero no es lo mismo donde lo vaya a pagar. La mayor parte de los impuestos van para el estado español para que luego este los distribuya mediante el sistema de financiación pero el problema para Cataluña viene con los impuestos autonómicos además de la facturación de las empresas. Existe el impuesto de orden municipal o el de actividades económicas y uno más importante aún, el impuesto sobre transmisiones patrimoniales que se paga donde la empresa vaya a realizar su mayor actividad mercantil por lo que esta deslocalización de tantas empresas tiene un impacto abundante en la economía catalana.

Una vez dicho esto, la pregunta es clara. ¿Por qué se van las empresas de Cataluña? Esta deslocalización se debe a la inestabilidad generada por el “procés” pese a que el Estado Español mantenía que no tenía ningún tipo de legitimidad. Los políticos independentistas decían que iban a luchar por la independencia con su eslogan “cueste lo que cueste” y las grandes empresas y los bancos comenzaron a imaginarse una Cataluña independiente fuera de la Unión Europea, lo que acarrearía terribles consecuencias tanto para la economía como para la propia empresa. Además de esto, esta inestabilidad no beneficiaba a ninguna empresa debido a que los inversores podían ver riesgo en invertir en una empresa la cual estaba situada en esta comunidad autónoma y esto tampoco les beneficiaria en absoluto. Unas de las empresas mas conocidas que se fueron son La Caixa, Sabadell y Freixenet.

Por otro lado, hay otras empresas que decidieron quedarse mientras el ordenamiento jurídico no cambiase y se estableciesen buenas relaciones entre España y Cataluña. Un ejemplo de estas empresas es Lidl.

También es oportuno destacar que en Cataluña la creación de nuevas empresas ha caído en picado este año superando marcas negativas del año 2013, la última crisis inmobiliaria.

En conclusión, haciendo referencia a temas puramente económicos, creo que España y Cataluña deben permanecer unidas porque juntas son mucho más fuertes y la separación tendría consecuencias económicas inimaginables afectando más negativamente a Cataluña.